"Aprenderé de tu orgullo"
Sacudió su cuerpo. Se despertó con sobresalto y algo aturdido.
Apenado y preocupado, disimuló la situación. Su orgullo, no le permitía demostrar su preocupación -a pesar de que se había pasado, ya muchas calles de su destino-. No soportaba la idea, de las burlas que pudieran hacerle quiénes estaban a su alrededor -Aunque realmente solo eran ideas de él-. Así que se dedicó a mirar estaciado el paísaje -ya saben, "Al mal tiempo .. Buena cara"-, desde la empañada ventana del autobus.
Sonreía, pero realmente estaba preocupado. Y con razón, estaba lejos del lugar adonde quería llegar, no tenía ni una sola moneda en su bolsillo, y para colmo de males, estaba retrasado para cumplir su cita.
Se quedó en la próxima estación y se dispuso a caminar. El frío que hacía esa mañana, era intenso, las calles estaban húmedas, con la poca lluvia que caía. Estremeció su cuerpo, y metió las manos en sus bolsillos. Realmente lo que deseaba en ese momento, era una calientita taza de café. Así que se quedó mirando a través del vidrio de la cafetería, mientras un chico, disfrutaba de una humeante taza de café -¡uff.. que deliciosa tortura!-. Sus huesos estaban congelados, pero su mente le calentaba el cuerpo, y lo alentaba a seguir su camino. El chico lo sorprendió y le mostró una mala expresión -pensó que lo miraba a él y no al café-. Así que él simuló estar leyendo... leyendo.. ah, el nombre de la cafetería, impreso en el vidrio.
Fatigado, ansioso y con frio, siguió su camino. El sitio de encuentro estaba próximo. Su corazón latía de felicidad. Aquella vanidad y orgullo absurdo, se transformaba en amor.
A lo lejos, alcanzaba a reconocer a su princesita, era ella quién le hacía desprenderse de si mismo. La pequeña Alisia, con solo 8 años, sus trenzas bien formadas, y con su paraguas rojo, lo esperaba tímida y ansiosa. Su cara reflejaba inmensa felicidad, al verlo, se desprendía de la mano de su madre, y corría a los brazos de Paco -su padre-, quién humedecido por la lluvia, se la comía a besos.
Ella le contaba, lo orgullosa que se sentía de él, con orgullo mostró las "caritas felices", que se ganó en clases, y de lo feliz que se sentía. En ese momento recordó episodios como, el del autobús, la cafetería, y muchos otros, cotidianos, de los cuales, ya no estaba orgulloso.









eltioantonio dijo
De niños somos idealistas a más no poder; ese es un problema, pero forma parte de lo bella que es la infancia.
Un saludo
9 Diciembre 2008 | 06:16 PM